uno sólo conserva lo que no amarra
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miércoles, 21 de diciembre de 2011
martes, 20 de diciembre de 2011
lunes, 19 de diciembre de 2011
viernes, 9 de diciembre de 2011
La tarea de ablandar el ladrillo
La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelepípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentrífica, la misma tristeza de las casas de enfrente, del sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero Hotel de Belgique.
Meter la cabeza como un toro desganado contra la masa transparente en cuyo centro tomamos café con leche y abrimos el diario para saber lo que ocurrió en cualquiera de los rincones del ladrillo de cristal. Negarse a que el acto delicado de girar el picaporte, ese acto por el cual todo podria transformarse, se cumpla con la fría eficacia de un reflejo cotidiano. Hasta luego, querida. Que te vaya bien.
Apretar una cucharita entre los dedos y sentir su latido de metal, su advertencia sospechosa. Cómo duele negar una cucharita, negar una puerta, negar todo lo que el hábito lame hasta darle suavidad satisfactoria. Tanto más simple aceptar la fácil solicitud de la cuchara, emplearla para revolver el café.
Y no que esté mal si las cosas nos encuentran otra vez cada dia y son las mismas. Que a nuestro lado haya la misma mujer, el mismo reloj, y que la novela abierta sobre la mesa eche a andar otra vez en la bicicleta de nuestros anteojos, ¿por que estaría mal? Pero como un toro triste hay que agachar la cabeza, del centro del ladrillo de cristal empujar hacia afuera, hacia lo otro tan cerca de nosotros, inasible como el picador tan cerca del toro.
Castigarse los ojos mirando eso que anda por el cielo y aceptar taimadamente su nombre de nube, su replica catalogada en la memoria. No creas que el teléfono va a darte los números que buscas. ¿Por que te los daria? Solamente vendra lo que tienes preparado y resuelto, el triste reflejo de tu esperanza, ese mono que se rasca sobre una mesa y tiembla de frío. Rómpele la cabeza a ese mono, corre desde el centro hacia la pared y ábrete paso.
¡Oh cómo cantan en le piso de arriba! Hay un piso arriba en esta casa, con otras gentes. Hay un piso de arriba donde vive gente que no sospecha su piso de abajo, y estamos todos en el ladrillo de cristal. Y si de pronto una polilla se para al borde de un lápiz y late como un fuego ceniciento, mírala, yo la estoy mirando, estoy palpando su corazón pequeñísimo, y la oigo, esa polilla resuena en la pasta de cristal congelado, no todo está perdido.
Cuando abra la puerta y me asome a la escalera, sabré que abajo empieza la calle; no el molde ya aceptado, no las cosas ya sabidas, no el hotel de enfrente: la calle, la viva floresta donde cada instante puede arrojarse sobre mi como una magnolia, donde las caras van a nacer cuando las mire, cuando avance un poco más, cuando con los codos y las pestañas y las uñas me rompa minuciosamente contra la pasta del ladrillo de cristal, y juegue mi vida mientras avanzo paso a paso para ir a comprar el diario a la esquina.
Julio C.
viernes, 25 de noviembre de 2011
viernes, 21 de octubre de 2011
viernes, 30 de septiembre de 2011
El pensamiento corre, el cuerpo baila, los ojos iluminan, la voz llega y escapa
¿porqué trastocar la lozanía que hay en tu alma?
viernes, 23 de septiembre de 2011
| Primero la cita lejana de abril, tu oscuro balcón, tu antiguo jardín. Más tarde las cartas de pulso febril mintiendo que no, jurando que sí. Romance de barrio tu amor y mi amor. Primero un querer, después un dolor, por culpas que nunca tuvimos, por culpas que debimos sufrir los dos. Hoy vivirás despreciándome, tal vez sin soñar que lamento al no poderte tener el dolor de no saber olvidar. Hoy estarás como nunca lejos mío, lejos de tanto llorar. Fue porque sí, que el despecho te cegó como a mí, sin mirar que en el rencor del adiós castigabas con crueldad tu corazón. Fue porque sí que de pronto no supimos pensar, que es más fácil renegar y partir que vivir sin olvidar. Ceniza del tiempo la cita de abril, tu oscuro balcón, tu antiguo jardín las cartas trazadas con mano febril mintiendo que no, jurando que sí. Retornan vencidas tu voz y mi voz trayendo al volver con tonos de horror, las culpas que nunca tuvimos las culpas que debimos pagar los dos. "Romance de barrio". Anibal Troilo |
lunes, 11 de abril de 2011
Y si no fuera por mí, tal vez estaría feliz, pero yo soy yo y es parte también, llorar, quejarse, estar mal o estar bien.estar. mientras recorría ese proceso me di cuenta que no quería, no quería (como siempre digo) ser eso, es increíble cómo te reducís en ese momento a una ínfima cosita. Y no sos vos, sos el llanto, el dolor y eso... también sos. Pero buscás no estar ahí, parar, chau, chau molestia, y te persigue. Pero no! escapá, escapás. Aveces logras irte. Y ahí también estás, esa salida, ese otro lugar, esa sonrisa, ese dejarte llevar, ese pensamiento, esa canción, esa alegría. Y al final sos todo, ¿y está bien? está.
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