uno sólo conserva lo que no amarra
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viernes, 14 de septiembre de 2012
Amapola
Abre las hojas del viento, mi vida
ponle una montura al río
cabalga y si te da frío te arropas
con la piel de las estrellas
de almohada la luna llena mi vida
y de sueño el amor mío
Y una amapola me lo dijo ayer
que te voy a ver, que te voy a ver
y un arcoiris me pintó la piel
para amanecer contigo
Cierra la noche y el día, mi vida
para que todo sea nuestro
y una gran fuga de besos
se pose sobre tu boca
y que el trinar de las rosas, mi vida
te diga cuánto te quiero
http://www.youtube.com/watch?v=Bq-SiIzuNI0&feature=youtu.be
ponle una montura al río
cabalga y si te da frío te arropas
con la piel de las estrellas
de almohada la luna llena mi vida
y de sueño el amor mío
Y una amapola me lo dijo ayer
que te voy a ver, que te voy a ver
y un arcoiris me pintó la piel
para amanecer contigo
Cierra la noche y el día, mi vida
para que todo sea nuestro
y una gran fuga de besos
se pose sobre tu boca
y que el trinar de las rosas, mi vida
te diga cuánto te quiero
http://www.youtube.com/watch?v=Bq-SiIzuNI0&feature=youtu.be
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Querido Rey de la cabina:
¿No sabías que te iba a buscar por todas partes por donde fuera?
¿por qué no lo hiciste más fácil?no hubiera ido contigo de todos modos si no querías pero,
¿acaso no lo querías? júralo que no.
Pero entonces, ¿por qué irse de esa manera? ahora que sé que esta carta te va a llegar, aunque no te la den mis manos te va a llegar, me pregunto ¿cómo será tu mundo ahi? todo lo tuve que adivinar. Tu silencio me llenó de palabras que iba encontrando hebra con hebra, querías estar solo.
Era tanto ruido el amor.
Son demasiadas preguntas incluso para quien no las puede oir. Ya imagino tu cara, no te preocupes no tienes que poner otra, puedo imaginar tu cara, solo eso.
Mejor te hablo del tiempo, por ejemplo, que no es época de lluvias, y llueve, todo se moja sorprendido.
Hoy podría haber regresado en el autobús más rápido y más seca pero vino la lluvia y qué hubiera hecho ahí encima entre las caras cansadas de otros pasajeros.
Me metí por el camino de tierra, de barro es decir, encontré ese pedazo de cielo roto, ese vuelo quebrado, esa avecita muerta, y yo y la lluvia, y ya sabés.
Ya tenía mi cuaderno empapado de todos modos. Lo apoyé en una parte más seca, imposible, llovía.
Te lo dije más de cien veces hasta que se humedezca la piel de esta carta?
Cabé un pequeño hueco con la mano, tomé el ave, la guardé ahí, la cubrí, y antes de que se tapara del todo, alcancé a ver como se convertía en un pez azul.
Guiñó un ojo, de eso no estoy segura, pero me pareció. Lo pondré así: creo, creo que guiñó un ojo.
Tal vez arrojó un beso, o simplemente se movió como cuando uno nace, y se dejó caer hasta el arroyo que pasa ahí cerca. Puse las palmas hacia arriba para que la lluvia me lavara las manos. Luego, tomé el cuaderno y seguí caminando, mirando hacia atrás, viendo las huellas que dejaba. Toda llena de preguntas, por ejemplo, ¿desayunas?,¿haz visto caballitos de mar y danzar a las algas?.
Estoy segura de que tienes un perro, ¿cómo se llama? o ¿cómo te llama él?, ¿te has lastimado usando el hacha? ¿pasaste frío alguna vez? quiero decir, ¿hubo algún norte muy fuerte?
¿te volvieron más callado las estrellas? ¿sigues haciendo juguetes?
¿desde cuándo sabés manejar una grúa?
Hay una pregunta, ay! que no quisiera escribir, porque haría que te dobles hasta huir por el túnel de tus propios bolsillos, pero ¿cómo no voy a hacertela?
la tengo desde el día en que descubrí que faltaban fotos, pensaste que no me daría cuenta.
No sé porqué lo pregunto, sé que lo hiciste a pesar de eso.
Tú que no llevas más que menos de lo necesario, ¿por qué cargaste con algo tan pesado como mis fotos? ¿o no pesaban?
¿Pudiste por fin ver que esa línea de tinta azul como el pez, azul como el pez que serpentea en la hoja, después de obedecer mi mano, no eran rejas?
¿Harías el enorme milagro de usarla como alas?
Nada te atrapa, porque todo lo hace.
Nada te atrapa, porque todo lo hace.
¿Me darías entonces el enorme regalo de ver la pequeña serpiente azul de esta carta, esta huella azul de mi pensamiento en la hoja?
Como una sola línea que juega, para abrazarte,
y la risa.
Y tú, allá alto manejando tu grúa, imagino que hoy no podrías saber que tomas y donde lo dejas, en tu cabina más alta que las nubes.
Tu solitario reino de las alturas y de todos modos ayudando a los demás.
Te pido, por favor, que la mano infinita de tu amable grúa jirafa, tome mi carta y la alce,
no le va a costar mucho trabajo en cualquier caso.
Que la alce hasta el rey de la cabina que no se caiga por favor, ni el pedazo de caña de azucar, ni la pluma del pez azul, ni el dibujo de los arboles inclinados, ni las algas de la tinta en los renglones, ni el pañuelo, ni el aire.
¿Por qué nunca entramos al desarmadero? caminé por los pasillos,
cómo te hubiera gustado verlos,
descansando en sus montones oxidados, cualquier cosa menos muertos,
libres por fin de ser útiles, qué alivio!.
Se me ocurrió mirar adentro de los coches para ver las familias paseando congeladas con sus sonrisas para siempre. Encontré unas llaves puestas como si el dueño se hubiera bajado solo por un momento, y no para siempre,
o habrá momentos eternos, y eternidades breves.
Las tomé y me fuí sin decir que las llevaba, al dueño no le servían de nada.
Aquí están las llaves entonces, ¿vendrás a que arranque el desarmadero con tus llaves de mover el tiempo? ¿los vas a sacar a pasear como abuelos de un geriátrico oxidado? ¿ vas a hacer un collar de rotos por fin libres de uso?
Son mejores las canciones de los bises que las del propio programa, decías.
¿Te acuerdas cuando dijiste que te gustaba mi pelo largo y al otro día aparecí con la cabeza al ras?
No podía saber, no te conocía. Y tú tampoco podías saber que odio los halagos.
Nos gustaba tanto el desarmadero, y ayer me sentía contenta entre elefantes desarmados, sin nadie que halague a nadie, sin nadie para halagar.
Ya no podría cortarme aún más el pelo de todos modos, o llevar pantalones peores, o los labios más sin pintar para que no me vea nadie. Nadie más que aquellos que en lo alto de su cabina de grúa rosada y gruya.
A esta ave no deberás alzarla con la mano infinita de tu juguete.
Encontrará aún de noche el palomar de tu bolsillo, y a su hermana mayor,
Paloma.
O acaso, ¿crees que sé porqué te busco? nadie es tan infeliz como para saber porqué busca a otra persona.
Son líneas pequeñas escritas en una lengua que se nos escapa.
Por más que pasaramos siglos descrifrandola, por más que los cientificos dejaran tranquilos a sus microscopios y a sus computadoras y sólo se dedicaran a descifrar estas líneas, ellas seguirían sin ser leídas. Por más que cansados de fracasar aceptaran por fin la ayuda de los magos y los magos cansados de fracasar le pidieran ayuda a las brujas y ellas le pidieran ayudas a los angeles, seguirían incomprensibles.
Están escritas con letras de paso de hormigas.
¿De qué crees que me estas salvando?
¿Quién te lo pide?
¿Crees que sé porqué te busco?
estoy hecha de pequeñas letras invisibles que unas hormigas escribieron mientras me hacían con sus cuchillitos y sus tenedores diminuto.
Y tú, y tú, soberbio e ignorante, ¿crees que te alejas por mi bien? te voy a decir todo lo que sé,
son hormigas y arañas que bajan de las estrellas y una vez que han escrito su canción en vez de irse se quedan para que uno las coma, así guardan sus secretos, permanecen quietas todo lo que haga falta, luego se esconden, en la primera leche, o en una tostada, a los seis años o a los veinte, para ser comidas.
Nunca te enterarás si han terminado su tarea o no, si todavía están, y esas habrán sido tus arañas y tus hormigas, tus angeles laboriosos.
Pero esto es solo un cuento demasiado bueno para que sepas lo que sé.
La verdad está en el olor a brea de las autopistas, y en los supermercados, en los golpes de los martillos, en el clic del botón que apaga la radio, en las sirenas que se oyen de noche, en las escaleras de metal, en las cortinas de plástico, esas baratas para que no entren las moscas a la cocina. En tu maldito reloj despertador para llegar a tiempo, al maldito turno en el que has elegido esconderte.
No esperes que nadie, nadie, ni siquiera los que crees que me quieren, te agradezcan esto que haces.
Luis Pescetti
Y tú, allá alto manejando tu grúa, imagino que hoy no podrías saber que tomas y donde lo dejas, en tu cabina más alta que las nubes.
Tu solitario reino de las alturas y de todos modos ayudando a los demás.
Te pido, por favor, que la mano infinita de tu amable grúa jirafa, tome mi carta y la alce,
no le va a costar mucho trabajo en cualquier caso.
Que la alce hasta el rey de la cabina que no se caiga por favor, ni el pedazo de caña de azucar, ni la pluma del pez azul, ni el dibujo de los arboles inclinados, ni las algas de la tinta en los renglones, ni el pañuelo, ni el aire.
¿Por qué nunca entramos al desarmadero? caminé por los pasillos,
cómo te hubiera gustado verlos,
descansando en sus montones oxidados, cualquier cosa menos muertos,
libres por fin de ser útiles, qué alivio!.
Se me ocurrió mirar adentro de los coches para ver las familias paseando congeladas con sus sonrisas para siempre. Encontré unas llaves puestas como si el dueño se hubiera bajado solo por un momento, y no para siempre,
o habrá momentos eternos, y eternidades breves.
Las tomé y me fuí sin decir que las llevaba, al dueño no le servían de nada.
Aquí están las llaves entonces, ¿vendrás a que arranque el desarmadero con tus llaves de mover el tiempo? ¿los vas a sacar a pasear como abuelos de un geriátrico oxidado? ¿ vas a hacer un collar de rotos por fin libres de uso?
Son mejores las canciones de los bises que las del propio programa, decías.
¿Te acuerdas cuando dijiste que te gustaba mi pelo largo y al otro día aparecí con la cabeza al ras?
No podía saber, no te conocía. Y tú tampoco podías saber que odio los halagos.
Nos gustaba tanto el desarmadero, y ayer me sentía contenta entre elefantes desarmados, sin nadie que halague a nadie, sin nadie para halagar.
Ya no podría cortarme aún más el pelo de todos modos, o llevar pantalones peores, o los labios más sin pintar para que no me vea nadie. Nadie más que aquellos que en lo alto de su cabina de grúa rosada y gruya.
A esta ave no deberás alzarla con la mano infinita de tu juguete.
Encontrará aún de noche el palomar de tu bolsillo, y a su hermana mayor,
Paloma.
O acaso, ¿crees que sé porqué te busco? nadie es tan infeliz como para saber porqué busca a otra persona.
Son líneas pequeñas escritas en una lengua que se nos escapa.
Por más que pasaramos siglos descrifrandola, por más que los cientificos dejaran tranquilos a sus microscopios y a sus computadoras y sólo se dedicaran a descifrar estas líneas, ellas seguirían sin ser leídas. Por más que cansados de fracasar aceptaran por fin la ayuda de los magos y los magos cansados de fracasar le pidieran ayuda a las brujas y ellas le pidieran ayudas a los angeles, seguirían incomprensibles.
Están escritas con letras de paso de hormigas.
¿De qué crees que me estas salvando?
¿Quién te lo pide?
¿Crees que sé porqué te busco?
estoy hecha de pequeñas letras invisibles que unas hormigas escribieron mientras me hacían con sus cuchillitos y sus tenedores diminuto.
Y tú, y tú, soberbio e ignorante, ¿crees que te alejas por mi bien? te voy a decir todo lo que sé,
son hormigas y arañas que bajan de las estrellas y una vez que han escrito su canción en vez de irse se quedan para que uno las coma, así guardan sus secretos, permanecen quietas todo lo que haga falta, luego se esconden, en la primera leche, o en una tostada, a los seis años o a los veinte, para ser comidas.
Nunca te enterarás si han terminado su tarea o no, si todavía están, y esas habrán sido tus arañas y tus hormigas, tus angeles laboriosos.
Pero esto es solo un cuento demasiado bueno para que sepas lo que sé.
La verdad está en el olor a brea de las autopistas, y en los supermercados, en los golpes de los martillos, en el clic del botón que apaga la radio, en las sirenas que se oyen de noche, en las escaleras de metal, en las cortinas de plástico, esas baratas para que no entren las moscas a la cocina. En tu maldito reloj despertador para llegar a tiempo, al maldito turno en el que has elegido esconderte.
No esperes que nadie, nadie, ni siquiera los que crees que me quieren, te agradezcan esto que haces.
Luis Pescetti
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