uno sólo conserva lo que no amarra









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sábado, 20 de octubre de 2012

Agüita del río manso fresca y clarita, libre como venís
no han de acorralarte mis manos, siempre andarás en mí
siempre andarás
Agüita de niebla densa, tapa el camino y no se puede seguir
sólo queda verse uno mismo, siempre andarás en mí
siempre andarás
Agüita que hay en mis ojos, lagos profundos que no queres salir
y que rebalsa de nostalgia
siempre andarás en mí
siempre
Agüita que hay en el cielo que con los vientos te has alejado de aquí
queda tu regalo en mi cielo
siempre andarás en mí
siempre andarás

martes, 16 de octubre de 2012

Capitulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

     Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.



J-C.

sábado, 6 de octubre de 2012


Yo me haré un té con este carta tuya, un sol de repuesto.
La guardaré bajo la almohada como cuando aún no tenía angel de la guarda.
La leí recorriendo el surco de tu pluma, la imaginé ungida al buey de tu mano, empujando y empujando
¿te has puesto a pensar que la luz proviene de un astro ciego?
como la luz que da tu mano ciega y su buey.
Crecieron las semillas que pusiste en los surcos azules de tu carta,
ya son frondozas naranjas en mi pecho,
semillas de arroyos y cascadas breves, de flores en rama.
Crecieron todas las semillas de tu carta, ¡vieras que hermoso prado!
Los abrazos crecieron sanos y fuertes rodeando mi cintura,
crecieron besos en mis pies, ¿sembraste besos para mis pies o fue un error del viento?
Te espero convertida en luna, quiero que recorramos el desarmadero, la panadería,
pasemos frente a los pollos anaranjados,
te presentaré a mi vecino para que hables con el también y le pida a sus perros orgulloso que no te molesten.
Volví a cortarme el pelo, parezco una manzana.
Ven pronto mi habitante deshabitado
no dejes al guardián feroz, traélo a ladrar,
a los perros les encanta ladrar si tienen dueño.
Aquí hay mucho espacio, ¿recuerdas?
mucho, mucho espacio.

Gracias, gracias, gracias, por mostrar tanto tu apuro
porque haya sido lo que fuera eso que despertó en ti
te haga ver tan lejos un mes
un mes no es ni una gota, en nuestros mil doscientos treinta y cuatro vasos, llenos.


Luis María Pescetti, Cartas al Rey de la Cabina