uno sólo conserva lo que no amarra









.

sábado, 6 de octubre de 2012


Yo me haré un té con este carta tuya, un sol de repuesto.
La guardaré bajo la almohada como cuando aún no tenía angel de la guarda.
La leí recorriendo el surco de tu pluma, la imaginé ungida al buey de tu mano, empujando y empujando
¿te has puesto a pensar que la luz proviene de un astro ciego?
como la luz que da tu mano ciega y su buey.
Crecieron las semillas que pusiste en los surcos azules de tu carta,
ya son frondozas naranjas en mi pecho,
semillas de arroyos y cascadas breves, de flores en rama.
Crecieron todas las semillas de tu carta, ¡vieras que hermoso prado!
Los abrazos crecieron sanos y fuertes rodeando mi cintura,
crecieron besos en mis pies, ¿sembraste besos para mis pies o fue un error del viento?
Te espero convertida en luna, quiero que recorramos el desarmadero, la panadería,
pasemos frente a los pollos anaranjados,
te presentaré a mi vecino para que hables con el también y le pida a sus perros orgulloso que no te molesten.
Volví a cortarme el pelo, parezco una manzana.
Ven pronto mi habitante deshabitado
no dejes al guardián feroz, traélo a ladrar,
a los perros les encanta ladrar si tienen dueño.
Aquí hay mucho espacio, ¿recuerdas?
mucho, mucho espacio.

Gracias, gracias, gracias, por mostrar tanto tu apuro
porque haya sido lo que fuera eso que despertó en ti
te haga ver tan lejos un mes
un mes no es ni una gota, en nuestros mil doscientos treinta y cuatro vasos, llenos.


Luis María Pescetti, Cartas al Rey de la Cabina



No hay comentarios:

Publicar un comentario