uno sólo conserva lo que no amarra









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domingo, 18 de mayo de 2014

Cartas al rey de la Cabina

Quiero regresar
sólo para lo imprevisto,
para lo que deba nacer de tus manos y las mías.
Para nada que ya haya sido escrito o dibujado.
Ni en tu alma, ni en la mía.

1 comentario:

  1. Buenas noches.

    Necesito un cuento.

    Verás: ya he escrito y borrado, intentando comenzar, otras tres o cuatro líneas como la que antecede. Decía cosas como: Llegué aquí por mero azar, o, Nunca sé cómo comenzar a decir las cosas, sea lo que sea... Luego, cuando sentía que ya enfilaba hacia una explicación acerca de qué hago yo tecleando aquí, me saltaba a la cara el hecho ineludible de que en algún momento tendría que incorporar lo que dice aquí al principio, justo debajo del saludo: Necesito un cuento. Como es lo más sincero que, a esta hora, tengo yo para decir, pues qué mejor que comenzar con eso.

    Llegué aquí del siguiente modo: Yo necesitaba un cuento (desde hace días que lo busco, y en realidad son tres), y como casi no tengo cosas que decir, pues me puse a pensar en un posible epígrafe que me diera, al menos, un atisbo de lo que podría tratar en un eventual relato. Uno de los tres cuentos que necesito debe ser acerca de la muerte. Creo ya tener la cita correcta para ese cuento: es una línea (un diálogo) de Cien años de soledad. Pero quedaban pendientes dos cuentos (o los dos epígrafes de los que partiría). En eso estaba, cuando recordé que tenía que salir a trabajar, y en el camino de regreso (unas cuatro horas después), me encontré con cantando (mal) una canción que me sé mal pero que me gusta mucho. Venía cantando, en la versión de Spinetta, Tres agujas, de Páez, y cuando llegué a casa la busqué en youtube (en la versión de Euforia) y muy felizmente la escuché y la canté un poco mejor que cuando no tenía la pista. En el camino, venía pensando (como desde hace días, que no encuentro qué contar) que, de esa canción, me encantaría tomar como epígrafe ya sea Estoy tranquilo pero herido, o bien Es mi corazón quien decide entre el mar y la arena. Bueno, pues escuché la canción y como no me bastó, y aunque tenía hambre, seleccioné una de las sugerencias de youtube (situadas (tu sabes) en todo el costado derecho de la pantalla), una canción que me aterra un poco y que casi nunca escucho, y pues te digo que era Tus regalos deberían de llegar, y no te aburras, ya por fin nos acercamos un poquito al modo en que aquí llegué.
    Bueno, pues también canté (mal) esta canción, y me agarré fuerte a esa parte que dice La bestial naturaleza del amor, y seguí escuchando y una vez más no entendiendo muy bien lo que significa, hasta que terminó y, como frecuentemente ocurre, tuve que escribir esas palabras que reclamaban un sitio ante mis ojos.

    Resulta que las escribí en cualquier sitio, La bestial naturaleza del amor, y no era otro lugar que la pestaña del navegador donde estaba colgada la canción. Presioné el botón Enter (no sé por qué explico todo esto) y plaf, ya estaban ahí quién sabe cuántas páginas relacionadas con el tema, o que contenían, saltadas o no, las justas palabras que casi sin proponérmelo busqué. Tu blog corresponde a la tercera opción que google muestra al teclear un posible epígrafe para un cuento. Creo que la entrada a la que me mandó el link googlero es una que contiene una serie de fotos de dos chicas. Me parece que no había más texto que ese fragmento de la canción. Luego fui al inicio del blog. No he querido recorrerlo, por no querer inventar cosas; aunque ha sido inevitable leer un destellito aquí y allá, descifrar alguna fotografía, no entender nada. Al pie de la última entrada empecé a escribir esto. Tengo mucha hambre, subiré a comer algo. Necesito un cuento. No revisaré lo escrito, para que no me tiente el deseo de corregir, de disfrazar lo dicho. Necesito un cuento, y tengo mucha hambre.


    leha

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