Íbamos a estar siempre.
¿Lo recuerdas?
Bromeábamos con que seríamos aquellos amigos de todas las edades: las del juego desaforado, las del amor último y primero, las de la lectura sin horas, la música alta y baja, las de la serenidad, del distanciamiento del mundo y del reposo.
¿Y ahora? ¿Cómo haré para ser lo que soy? ¿Cómo podré volver a estar alguna vez en calma? ¿Cómo haré para ser sin serte?
La muerte ni siquiera espera, lo sabíamos.
Y qué saber más inútil aquel que era de a dos y que ahora es de uno solo.
Carlos Skliar
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