(Dice blogspot que me pasé de caracteres, por eso lees primero lo que estoy escribiendo al final, y por eso parto mi mensaje en dos.)
Hola, buenas noches.
A eso de las doce y media, decidí no luchar contra mi somnolencia. Resolví acostarme destapado, para que en la madrugada me despertara el frío. Desde que llegué de trabajar —desde antes, cuando estaba despachando pan de dulce, bolillos y baguettes— tuve ganas de sentarme a contestar el mensajito de Irving; pero aparte de que no me dio tiempo (la lluvia se me venía encima), sabía que las tres o cuatro cosas que quería decirle, entre ellas gracias por el Asturias y cómo van los ensayos que enviarás, no iban a caber en el reducido espacio de un mensaje de celular, por lo menos no en uno de los que yo mando. De modo que en vez de buscar algún cliente versado en abreviaturas mensajeras, para que tecleara en veinte segundos y en palabras de tres letras —prescindiendo, quién sabe cómo, del uso de vocales— lo que quería decirle a mi amigo, me regresé corriendo y nada más maldije un poco cuando recordé que se me había olvidado entregar el pedido que mi tía me encomendó con toda su alma. Había empezado la lluvia (el viento desatado, unas gotas que mordían como granizo blando), y no quise regresarme a la casa de doña Doctora, ya que tiene por costumbre hacer esperar, frente a su puerta sin rellano, a cualquiera que va a dejarle el pan que encarga para vender al siguiente día entre sus compañeros del trabajo. Mi prima me pidió que fuera por lo que faltaba para completar la cena (te reirías).
—Ándale ve, tú que ya estás mojado—. —Bueno. Ya sólo caían gotas solitarias. Cuando regresé busqué una sudadera seca, pero no me cambié los tenis. Tomé las dos bolsas con pan de queso, de piña, con ajonjolí y de nada, y le dije a mi prima Ahorita vengo, voy con tu amiga la doctora. —Méndiga vieja. —Sí, pero voy de una vez para no ir a dejárselo temprano.
A medio camino, un auto rojo no bajó la velocidad al pasar por un charco que cubría todo el espacio entre las banquetas paralelas de la calle por donde iba. De los codos para abajo, mi ropa se tornó oscura. Las bolsas se me bañaron, pero estaban bien anudadas. Eso fue a medio camino, serían las diez y cuarto de la noche. La doctora salió en seguida y me dio las gracias un par de veces. Perdón, pero hasta ahorita pudimos venir. —No hay problema, estaba lloviendo fuerte. No tenía caso que salieras antes. Estoy seguro que le caigo mejor que que cualquiera de mis tres primas. Regresé a la casa diez cuarenta.
Cenamos (te digo que te reirías), en el noticiero mi tío veía una nota sobre un niño maltratado, sobre su padrastro preso. Mi prima platicaba con su novio vía whatsapp, Me levanté y supe que no tenía cuerda para escribirle a Irving; sabía que podía exprimirme dos o tres líneas concisas, pero no quería eso, sino decirle Gracias, ¿cómo vas?. El plan era descansar un rato y levantarme a la hora que el frío quisiera, para escribir con ganas. Ese era el plan.
Llegué frente a la lap y abrí youtube y con sólo apretar la tecla de V apareció en las sugerencias del buscador el nombre del grupo que empieza con esa letra, y ahí mismo, gracias a eso que unos llaman espionaje y otros reconocimiento de preferencias, surgió el link del disco que buscaba, el mismo que he escuchado, me parece, varias veces a la semana en los últimos dos meses, increíble disco conceptual forjado en la Argentina, un par de años antes que el Artaud. Sí, en-se-rio, talcomololles. Ajusté el volumen de mi amada bocina vieja y me acosté boca arriba (nunca había escrito esa expresión, se lee chistoso). En algún momento me descalcé. Creo que me dormí en seguida, porque no recuerdo haber seguido las canciones del disco, salvo la primera, y de ahí al silencio, los ojos como secos, la boca igual, la lejana voz de mi tío, Lalo, Lalo, ahí está tu pan, ¿Para temprano?, Sí, ya está el canasto, te levantas, Sí, ta bien. Me lleva, me lleva, me lleva. Estaba tan dormido. Sentí sed, no había pasado mucho tiempo (¿no?), pero el disco había terminado. Justo ahora lo escucho de nuevo. Hace rato ya escuché el Artaud, ya son cinco veinte. Pensé: el plan sigue en pie. Pero lo que en verdad pensaba era Por qué hizo tanto pan, si los viernes no se vende en la mañana. Me lleva.Me incorporé de un brinco, me puse en los pies cualquier cosa (menos los tenis empapados, que pisé por accidente y acabaron de despertarme), y subí por un vaso de agua. El plan sigue en pie, porque no voy a escribirle a Irving en este estado. Ya no tenía sed, quería seguir durmiendo, pero tenía frío y, aunque era adverso a mi objetivo, me eché una cobija encima, y otra, porque era muy rico. A los diez minutos boté la cobija superior. A los veinte la otra. En media hora recuperé esta última pero me deshice de la sudadera. Tras dos horas de vueltas y vueltas y oscuridad y calor y frío y luego sed y vuelta a la cocina, decidí que no tenía sueño, que no tenía ganas de escribirle a Irving, y que quería saber qué más cantó Jeff Buckley.
De los tres cuentos que necesitaba —que aún busco— tengo dos. Pese a parecer un un enunciado feliz, no lo es tanto: uno de ellos excede el número de cuartillas apropiadas para el concurso al que quería meterlo. Irving se rió cuando le pregunté si acaso alguien se daría cuenta de que mando una pieza del doble de hojas permitidas. El otro cuento está casi terminado, pero aún requiere ciertas precisiones; lo malo es que un par de líneas más y me habré rebasado la extensión Tendré cuidado. Lo peor del asunto es que el cuento que yo creí más próximo a mi puño, aquel que iba a tener por epígrafe este diálogo: "Morirse es más difícil de lo que uno cree", dicho por el coronel Aureliano Buendía, ha sido descartado por completo; no he vuelto a pensar en él, y eso no es lo malo, sino que es precisamente ese concurso el que cierra primero su convocatoria, y sólo tengo un mal texto que abandoné a su suerte hace semana y media, al que intentaré volver armado con una cita de Alfonso Reyes.
En días pasados, al escribir la palabra "la" en mi buscador de internet, aparecieron, dependiendo de la letra que presionara enseguida, cosas como las que a continuación muestro: La Jornada La Jornada: Desfiladero la república circense la sordidez de la noche La Jornada: El ABCD de la crisis alimentaria (dirección de youtube) los libros de la (en negritas) buena memoria la luz La Jornada: Su perico lo delata y termina en el Torito; el ave, en el corralón la vida breve
Hace dos o tres días, también apareció esto —cuando estaba por buscar algo de información sobre La Biblia (el disco que te contaba)—: La bestial naturaleza del amor.
Repetí el gesto descrito en mi pasada esquela, y aparecieron de nuevo las fotos de esas dos chicas. Fui al inicio del blog. Me encontré con Alejandra y con un indescifrable número 3. Luego, a propósito, volví. Jeff Buckley.
Seis veinte a eme, me está dando hambre, subiré a beber agua. Aún no tengo ganas de escribirle a Irving, pero sería feliz de saber que te estuve escribiendo a ti.
Bajé con un poco de agua de arroz, y con un pan. Buen día.
leha
Pd: que dice blogspot que mejor tres. Al menos ya me dio sueño, jaja.
(Dice blogspot que me pasé de caracteres, por eso lees primero lo que estoy escribiendo al final, y por eso parto mi mensaje en dos.)
ResponderEliminarHola, buenas noches.
A eso de las doce y media, decidí no luchar contra mi somnolencia. Resolví acostarme destapado, para que en la madrugada me despertara el frío. Desde que llegué de trabajar —desde antes, cuando estaba despachando pan de dulce, bolillos y baguettes— tuve ganas de sentarme a contestar el mensajito de Irving; pero aparte de que no me dio tiempo (la lluvia se me venía encima), sabía que las tres o cuatro cosas que quería decirle, entre ellas gracias por el Asturias y cómo van los ensayos que enviarás, no iban a caber en el reducido espacio de un mensaje de celular, por lo menos no en uno de los que yo mando.
De modo que en vez de buscar algún cliente versado en abreviaturas mensajeras, para que tecleara en veinte segundos y en palabras de tres letras —prescindiendo, quién sabe cómo, del uso de vocales— lo que quería decirle a mi amigo, me regresé corriendo y nada más maldije un poco cuando recordé que se me había olvidado entregar el pedido que mi tía me encomendó con toda su alma. Había empezado la lluvia (el viento desatado, unas gotas que mordían como granizo blando), y no quise regresarme a la casa de doña Doctora, ya que tiene por costumbre hacer esperar, frente a su puerta sin rellano, a cualquiera que va a dejarle el pan que encarga para vender al siguiente día entre sus compañeros del trabajo.
Mi prima me pidió que fuera por lo que faltaba para completar la cena (te reirías).
—Ándale ve, tú que ya estás mojado—.
—Bueno.
Ya sólo caían gotas solitarias. Cuando regresé busqué una sudadera seca, pero no me cambié los tenis. Tomé las dos bolsas con pan de queso, de piña, con ajonjolí y de nada, y le dije a mi prima Ahorita vengo, voy con tu amiga la doctora.
—Méndiga vieja.
—Sí, pero voy de una vez para no ir a dejárselo temprano.
A medio camino, un auto rojo no bajó la velocidad al pasar por un charco que cubría todo el espacio entre las banquetas paralelas de la calle por donde iba. De los codos para abajo, mi ropa se tornó oscura. Las bolsas se me bañaron, pero estaban bien anudadas. Eso fue a medio camino, serían las diez y cuarto de la noche. La doctora salió en seguida y me dio las gracias un par de veces. Perdón, pero hasta ahorita pudimos venir.
—No hay problema, estaba lloviendo fuerte. No tenía caso que salieras antes.
Estoy seguro que le caigo mejor que que cualquiera de mis tres primas.
Regresé a la casa diez cuarenta.
Cenamos (te digo que te reirías), en el noticiero mi tío veía una nota sobre un niño maltratado, sobre su padrastro preso. Mi prima platicaba con su novio vía whatsapp, Me levanté y supe que no tenía cuerda para escribirle a Irving; sabía que podía exprimirme dos o tres líneas concisas, pero no quería eso, sino decirle Gracias, ¿cómo vas?.
El plan era descansar un rato y levantarme a la hora que el frío quisiera, para escribir con ganas. Ese era el plan.
Llegué frente a la lap y abrí youtube y con sólo apretar la tecla de V apareció en las sugerencias del buscador el nombre del grupo que empieza con esa letra, y ahí mismo, gracias a eso que unos llaman espionaje y otros reconocimiento de preferencias, surgió el link del disco que buscaba, el mismo que he escuchado, me parece, varias veces a la semana en los últimos dos meses, increíble disco conceptual forjado en la Argentina, un par de años antes que el Artaud. Sí, en-se-rio, talcomololles.
ResponderEliminarAjusté el volumen de mi amada bocina vieja y me acosté boca arriba (nunca había escrito esa expresión, se lee chistoso). En algún momento me descalcé. Creo que me dormí en seguida, porque no recuerdo haber seguido las canciones del disco, salvo la primera, y de ahí al silencio, los ojos como secos, la boca igual, la lejana voz de mi tío, Lalo, Lalo, ahí está tu pan, ¿Para temprano?, Sí, ya está el canasto, te levantas, Sí, ta bien. Me lleva, me lleva, me lleva. Estaba tan dormido. Sentí sed, no había pasado mucho tiempo (¿no?), pero el disco había terminado. Justo ahora lo escucho de nuevo. Hace rato ya escuché el Artaud, ya son cinco veinte.
Pensé: el plan sigue en pie. Pero lo que en verdad pensaba era Por qué hizo tanto pan, si los viernes no se vende en la mañana. Me lleva.Me incorporé de un brinco, me puse en los pies cualquier cosa (menos los tenis empapados, que pisé por accidente y acabaron de despertarme), y subí por un vaso de agua.
El plan sigue en pie, porque no voy a escribirle a Irving en este estado. Ya no tenía sed, quería seguir durmiendo, pero tenía frío y, aunque era adverso a mi objetivo, me eché una cobija encima, y otra, porque era muy rico. A los diez minutos boté la cobija superior. A los veinte la otra. En media hora recuperé esta última pero me deshice de la sudadera. Tras dos horas de vueltas y vueltas y oscuridad y calor y frío y luego sed y vuelta a la cocina, decidí que no tenía sueño, que no tenía ganas de escribirle a Irving, y que quería saber qué más cantó Jeff Buckley.
De los tres cuentos que necesitaba —que aún busco— tengo dos. Pese a parecer un un enunciado feliz, no lo es tanto: uno de ellos excede el número de cuartillas apropiadas para el concurso al que quería meterlo. Irving se rió cuando le pregunté si acaso alguien se daría cuenta de que mando una pieza del doble de hojas permitidas. El otro cuento está casi terminado, pero aún requiere ciertas precisiones; lo malo es que un par de líneas más y me habré rebasado la extensión Tendré cuidado. Lo peor del asunto es que el cuento que yo creí más próximo a mi puño, aquel que iba a tener por epígrafe este diálogo: "Morirse es más difícil de lo que uno cree", dicho por el coronel Aureliano Buendía, ha sido descartado por completo; no he vuelto a pensar en él, y eso no es lo malo, sino que es precisamente ese concurso el que cierra primero su convocatoria, y sólo tengo un mal texto que abandoné a su suerte hace semana y media, al que intentaré volver armado con una cita de Alfonso Reyes.
ResponderEliminarEn días pasados, al escribir la palabra "la" en mi buscador de internet, aparecieron, dependiendo de la letra que presionara enseguida, cosas como las que a continuación muestro:
La Jornada
La Jornada: Desfiladero
la república circense
la sordidez de la noche
La Jornada: El ABCD de la crisis alimentaria
(dirección de youtube) los libros de la (en negritas) buena memoria
la luz
La Jornada: Su perico lo delata y termina en el Torito; el ave, en el corralón
la vida breve
Hace dos o tres días, también apareció esto —cuando estaba por buscar algo de información sobre La Biblia (el disco que te contaba)—:
La bestial naturaleza del amor.
Repetí el gesto descrito en mi pasada esquela, y aparecieron de nuevo las fotos de esas dos chicas. Fui al inicio del blog. Me encontré con Alejandra y con un indescifrable número 3. Luego, a propósito, volví. Jeff Buckley.
Seis veinte a eme, me está dando hambre, subiré a beber agua. Aún no tengo ganas de escribirle a Irving, pero sería feliz de saber que te estuve escribiendo a ti.
Bajé con un poco de agua de arroz, y con un pan. Buen día.
leha
Pd: que dice blogspot que mejor tres. Al menos ya me dio sueño, jaja.