Hoy no será Becerra, por lo mismo que la vez pasada. Él no me deja, o yo no lo dejo. En todo caso es equivalente. Hoy lloviznó un gran rato y luego llovió poquito, y luego cesó y sólo nos quedó el frío adherido al silencio y la fatiga. Hace días que necesito escribir algo y aún no puedo, espero que esta noche sea la noche. He detenido a Becerra, el oleaje Becerra, y no sé cómo me atrevo a lo que transcribiré en seguida. Pero no es ningún atrevimiento, no te asustes, es algo que encontré hace un rato, escrito en quién sabe qué circunstancia, por un hombre, quién sabe cuándo.
Este amor no te mira para hacerte durable y desencadenarte de tu vida que pasa. Los ojos que a tu imagen apartan de tu muerte no la impiden, sólo hacen más presente tu rutina. No hay sitio en mi memoria donde encuentre tu vida más que tus ya distantes huellas deshabitadas. Pues en mi sueño en vano tu rostro se refugia y huye tu voz del aire real que la devora. Dentro de mí te quema la sangre con más fuego, los instantes te absorben con más ansia, y tus voces, mientras más duran, se hunden más hondo en el abismo de las horas futuras que nunca te han mirado.
Jorge Cuesta
Es eso, Mai, lo que tenía que transcribirte hoy. Lo que tenía que decirte casi no recuerdo qué era. Ya volverá. Mis pies están fríos.
Hola Mai, buenas noches.
ResponderEliminarHoy no será Becerra, por lo mismo que la vez pasada. Él no me deja, o yo no lo dejo. En todo caso es equivalente.
Hoy lloviznó un gran rato y luego llovió poquito, y luego cesó y sólo nos quedó el frío adherido al silencio y la fatiga.
Hace días que necesito escribir algo y aún no puedo, espero que esta noche sea la noche.
He detenido a Becerra, el oleaje Becerra, y no sé cómo me atrevo a lo que transcribiré en seguida. Pero no es ningún atrevimiento, no te asustes, es algo que encontré hace un rato, escrito en quién sabe qué circunstancia, por un hombre, quién sabe cuándo.
Este amor no te mira para hacerte durable
y desencadenarte de tu vida que pasa.
Los ojos que a tu imagen apartan de tu muerte
no la impiden, sólo hacen más presente tu rutina.
No hay sitio en mi memoria donde encuentre tu vida
más que tus ya distantes huellas deshabitadas.
Pues en mi sueño en vano tu rostro se refugia
y huye tu voz del aire real que la devora.
Dentro de mí te quema la sangre con más fuego,
los instantes te absorben con más ansia, y tus voces,
mientras más duran, se hunden más hondo en el abismo
de las horas futuras que nunca te han mirado.
Jorge Cuesta
Es eso, Mai, lo que tenía que transcribirte hoy. Lo que tenía que decirte casi no recuerdo qué era. Ya volverá.
Mis pies están fríos.
Que descanses.
leha