Diez diecisiete a eme, pero hoy mi día no empezó temprano. Tengo frío, no tengo las gafas puestas porque mis ojos parpadean constantemente y el lente, por dentro, queda trazado por unas manchas turbias y delgadas que se opacan hasta volverse blancas y molestas. Cuando eso ya no pase me las pondré de nuevo, para no tener que limpiarlos cada tres minutos. Aún sin gafas veo bastante no tan mal (ahí no falta ninguna coma).
Buenos días, anoche ya no pude leer porque me quedé dormido. Claro que previsiblemente, pero yo quería aguantar un poco. Me tapé, me acurruqué, de ahí hasta el sueño. Soñé que iba de viaje, un viaje como de estudios, un intercambio o cosa parecida. Recuerdo que sólo conocía a dos personas: a un primo mío y una chica nueva del taller del miércoles. A mi primo hace meses que no lo veo, Todos hablaban en francés (muy pronto llegamos a una biblioteca: había un libro de Cortázar traducido a medias) y yo no sé francés; tampoco en mi sueño, así que no sé qué diablos decía todo el mundo. Aunque, también lo recuerdo, muy pronto encontrábamos una especie de asociación de estudiantes latinoamericanos y platicábamos con ellos. La chica del taller estaba en su segunda residencia allá. Estudiaba mucho. En una de esas (aún íbamos en el camión) mi primo se fue volando: salió por la ventana y no volvió. Yo tuve, desde fuera, una toma panorámica de cómo se perdió en el aire. Iba en busca de un hospital: había lastimado (o creído lastimar) a la chica nueva del taller, que iba sentada a su lado. Antes, él le había robado un beso. Mucho después, a una especie de maestra, allá por la biblioteca del instituto a donde llegamos, le ayudé a cargar unos libros, un montón de libros. Me hablaba en francés y, como no le contestaba, me dijo algo en español. Dijo algo sobre los chinos y los mexicanos. Me dio las gracias y yo quise comprarle una pulsera de las que vendía. También vendía los libros que le ayudé a cargar. Recuerdo otras muchas cosas de ese largo sueño, pero no quiero aburrirte ni aburrirme. Con todo, era un sueño coherente, creo que por eso no me despertaba. No sé qué fue lo último que pasó.
Sólo un par de veces (ya no sé hace cuánto tiempo), aparte la perdida vez del submarino, he escrito (o logrado escribir) lo que acabo de soñar. Aquí quedará un breve registro del día hoy, de este inicio de mi día. No sé de qué sirva, pero aquí está. Acabo de ponerme los lentes, y es muy grato: veo mejor.
El otro día (¿miércoles?) que me fui corriendo me sucedieron muchas cosas: se me hizo tarde y desesperé corrí y me sentí pesado como plastilina me agité y sentí un absurdo; maldije entre dientes tuve dos latidos, ambos rabiosos, que luego volvieron a ser uno, más tranquilo, desfalleciente casi agitado una vez más, me sonrió el destino (Irving dijo, cuando le conté: pues no hiciste nada. Correcto, le contesté) no sé cómo se diga allá, pero se me durmieron las manos (dice el diccionario de sinónimos que podría decir que se me adormecieron las manos, o que estaban como anestesiadas (eso es correcto)) sonreí mucho me reí corrí y me sentí ligero como hace mucho tiempo saludé a Irving le mostré unos trompos (creo que allá dicen peonzas) que había llevado (le obsequié uno (una) con su respectiva cuerda) rompí mi peonza en el metrobús seguía temblando, pero las manos ya no estaban en letargo fuimos a un lugar llamado Cineteca Nacional Increíblemente, a las doce y media de la noche, en la misma estación del metrobús en la que yo en la tarde, él también sonrió y tembló; él no quebró nada me quedé en su pieza (cuarto) las pilas de libros rozaban la hamaca y no me atreví a ensayar lo prometido
y por eso estoy aquí, porque ayer tuve que trabajar y mojarme (llovió) y estar amargo; pero no importaba tanto porque sabía que iba a venir aquí a decirte un poco, a saludar o como se diga, a dejar aquí mi sueño y estos ojos y el despertar que desde acá te ofrendo.
Escucho "Mala". Bastante bien. En la Cineteca vimos "Why Don't You Play in Hell?" y también muy bien.
Subiré a comer algo. Ah! una canción en español. Y qué bonita.
Días
ResponderEliminarDiez diecisiete a eme, pero hoy mi día no empezó temprano. Tengo frío, no tengo las gafas puestas porque mis ojos parpadean constantemente y el lente, por dentro, queda trazado por unas manchas turbias y delgadas que se opacan hasta volverse blancas y molestas. Cuando eso ya no pase me las pondré de nuevo, para no tener que limpiarlos cada tres minutos. Aún sin gafas veo bastante no tan mal (ahí no falta ninguna coma).
Buenos días, anoche ya no pude leer porque me quedé dormido. Claro que previsiblemente, pero yo quería aguantar un poco. Me tapé, me acurruqué, de ahí hasta el sueño. Soñé que iba de viaje, un viaje como de estudios, un intercambio o cosa parecida. Recuerdo que sólo conocía a dos personas: a un primo mío y una chica nueva del taller del miércoles. A mi primo hace meses que no lo veo, Todos hablaban en francés (muy pronto llegamos a una biblioteca: había un libro de Cortázar traducido a medias) y yo no sé francés; tampoco en mi sueño, así que no sé qué diablos decía todo el mundo. Aunque, también lo recuerdo, muy pronto encontrábamos una especie de asociación de estudiantes latinoamericanos y platicábamos con ellos. La chica del taller estaba en su segunda residencia allá. Estudiaba mucho. En una de esas (aún íbamos en el camión) mi primo se fue volando: salió por la ventana y no volvió. Yo tuve, desde fuera, una toma panorámica de cómo se perdió en el aire. Iba en busca de un hospital: había lastimado (o creído lastimar) a la chica nueva del taller, que iba sentada a su lado. Antes, él le había robado un beso. Mucho después, a una especie de maestra, allá por la biblioteca del instituto a donde llegamos, le ayudé a cargar unos libros, un montón de libros. Me hablaba en francés y, como no le contestaba, me dijo algo en español. Dijo algo sobre los chinos y los mexicanos. Me dio las gracias y yo quise comprarle una pulsera de las que vendía. También vendía los libros que le ayudé a cargar. Recuerdo otras muchas cosas de ese largo sueño, pero no quiero aburrirte ni aburrirme. Con todo, era un sueño coherente, creo que por eso no me despertaba. No sé qué fue lo último que pasó.
Sólo un par de veces (ya no sé hace cuánto tiempo), aparte la perdida vez del submarino, he escrito (o logrado escribir) lo que acabo de soñar. Aquí quedará un breve registro del día hoy, de este inicio de mi día. No sé de qué sirva, pero aquí está. Acabo de ponerme los lentes, y es muy grato: veo mejor.
El otro día (¿miércoles?) que me fui corriendo me sucedieron muchas cosas:
ResponderEliminarse me hizo tarde y desesperé
corrí y me sentí pesado como plastilina
me agité y sentí un absurdo; maldije entre dientes
tuve dos latidos, ambos rabiosos, que luego volvieron a ser uno,
más tranquilo, desfalleciente casi
agitado una vez más, me sonrió el destino (Irving dijo,
cuando le conté: pues no hiciste nada. Correcto, le contesté)
no sé cómo se diga allá, pero se me durmieron las manos (dice
el diccionario de sinónimos que podría decir que se me
adormecieron las manos, o que estaban como anestesiadas (eso
es correcto))
sonreí mucho
me reí
corrí y me sentí ligero como hace mucho tiempo
saludé a Irving
le mostré unos trompos (creo que allá dicen peonzas) que había llevado (le obsequié uno (una) con su respectiva cuerda)
rompí mi peonza en el metrobús
seguía temblando, pero las manos ya no estaban en letargo
fuimos a un lugar llamado Cineteca Nacional
Increíblemente, a las doce y media de la noche, en la misma estación del metrobús en la que yo en la tarde, él también sonrió y tembló; él no quebró nada
me quedé en su pieza (cuarto)
las pilas de libros rozaban la hamaca y no me atreví a ensayar lo prometido
y por eso estoy aquí, porque ayer tuve que trabajar y mojarme (llovió) y estar amargo; pero no importaba tanto porque sabía que iba a venir aquí a decirte un poco, a saludar o como se diga, a dejar aquí mi sueño y estos ojos y el despertar que desde acá te ofrendo.
Escucho "Mala". Bastante bien. En la Cineteca vimos "Why Don't You Play in Hell?" y también muy bien.
Subiré a comer algo. Ah! una canción en español. Y qué bonita.
leha